Historia de Grupo Chilian, el inicio de un gran sueño.

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Historia de Grupo Chilian, el inicio de un gran sueño.

Ring, sonaba el teléfono. Mi hermano contesto, al colgar le pregunte quién había sido. Me contó que fue nuestro primo Juanito que con emoción le decía que el grupo musical Maná llegaría mañana a Puebla, quería hacer playeras para venderlas en el concierto. Era nuestro primo el “ágil” con papá empresario, guapo, con personalidad agradable y sagas, el goleador del equipo, no tendría por qué equivocarse seguro sería el mejor de nuestros negocios hasta entonces. ¿Cómo fallaríamos? si, tiene dinero para comprar 100 playeras, lo que hoy en día no serían más de dos mil pesos, que para unos emprendedorsitos de 20 años servía. Ellos fueron a comprar las playeras y con sus encantos de confiabilidad juvenil consiguieron crédito por otras 200 prendas del magnate Mr Hanes con su deportivo rojo al frente de su negocio de donde entraban y salían cajas blancas, quien él mismo ofreció que si no se vendían y ya las habíamos impreso nos las aceptaría de regreso. La impresión de las playeras llevaría la portada del álbum en la espalda y al frente el logo de Maná.

Imprimiendo yo mismo con poca agilidad, todo manchado por la tinta negra como carbonero, nuestras playeras cobraban vida, mientras mi jovencita, sexy recién esposa me ayudaba a plancharlas, cada centímetro del dibujo tenía el color de nuestros anhelos, sudor de nuestro cansancio. Poco a poco se hacía de tarde, las playeras iban saliendo, el concierto estaba a unas horas, la emoción de ver a la banda favorita, la prisa de terminar, el riesgo de la venta, hacía que nuestros corazones latieran vigorosos y las manos temblaran con inquietud.

La fila era larga, llena de entusiasmados jóvenes ansiosos por entrar al evento. Al rededor y lejos de la puerta principal estaba la mafia de los vendedores ambulantes del entonces Distrito Federal, con playeras de colores e ingeniosos diseños que superaban el nuestro, gritando en tono defeño ofrecían su piratería sin desdén. Llevábamos la Nissan estaquitas del tío Juan, alguna ventaja deberíamos de tener. ¿¡Nos ponemos en la puerta!? ¡Mero enfrente! ¡No hay nadie ahí!, seguro venderíamos más!, entre todos tomábamos estrategias, pues ni una sola prenda habíamos vendido.

Ahí estábamos en el mejor lugar, según nosotros, en la entrada del relicario, en los fuertes, en Puebla. De la puerta frente a nosotros salen unos tipos de seguridad del evento, vestidos en playeras negras y jeans, con tamaño y peso de Guaruras, los ambulantes vendedores se escurren como cucarachas con su mercancía en las manos huyendo. Nosotros perplejos solo ponemos atención para ver que está pasando. Los de seguridad se acercan a nosotros y argumentan con tono seguro, que la imagen estampada en la prenda es propiedad industrial y no tenemos derecho a venderlas, así que la cajuela de las estaquitas se ve infestada de pesados hombres llevándose las cajas, llenas de nuestras playeras, nuestra ilusión, nuestro trabajo, arrebatándonos la inexperiencia, dejándonos atónitos ante este suceso inesperado. La cara de juan era de incredulidad, mi esposita forcejaba inútilmente con alguno de ellos, Pablo siempre elocuente, alto, erguido, trataba de convencer con su labia, a soldados que solo siguen órdenes, los ojos de Tachi se empezaban a inundar, yo paralizado, observaba cómo se desmoronaba nuestro castillo.

Como por mecanismo de defensa intento rescatar los bienes y me trato de aferrar a una caja mientras toda la comitiva de seguridad entraba por la puerta con nuestra mercancía, yo camuflajeado entre las guaruras, y con la ilusión a flor de piel, traspaso la puerta y en un santiamén estoy adentro del relicario con las playeras…

Espera la segunda parte del comienzo de ésta gran historia.

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