Historia de nuestro primer pedido

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Historia de nuestro primer pedido

El primer pedido de mi empresa fue unas calcomanías. Estaba estudiando la preparatoria en el IMM. Vero Gómez una compañera del madero veía mi habilidad para dibujar, sobre todo cuando hacía las caricaturas de los profes. Así que me pidió que le hiciera el logotipo del envase de los perfumes que vendía su mamá.

Entusiasmado saliendo del colegio fui al restirador del cuarto de la casa de huéspedes, en rio Salado en San Manuel, donde yo vivía.

Me diseñé un logo con un perfil femenino y copete ochentero

Al día siguiente se lo presente de manera nada profesional a Vero, quien lo miró con desdén, lo metió entre sus cuadernos para que no se arrugara, me dijo – se lo ensañaré a mi mamá –

Días después me comentó que si le gustó a su madre. Me preguntaba que si le podía también hacer las calcomanías que llevan los envases de las fragancias de su negocio. Seguro me brillaron los ojitos y con toda la inexperiencia de la edad acepté el proyecto.

En ese entonces yo trabajaba de dibujante, pagado a destajo para mi tío Alfonso, que por un incidente reciente había tenido que cerrar su taller, en ese entonces yo estaba desempleado. Sin embargo, en ese taller veía cómo se hacían las benditas calcomanías, así que al menos tenía la teoría.

Fui con mi papá a pedirle dinero para empezar mi negocio, él estaba en austeridad dado que había invertido su dinero en tratar de ser diputado, cuando las prerrogativas eran ínfimas, no como ahora.

Mi papá metió la mano a su cartera y a la bolsa de su pantalón y como quien comparte sus pocas canicas a su mejor amigo para que también juegue, me dio $6.00 pesos.

Me alcanzó para comprar un par de bisagras de puerta con sus tornillos, que, colocándolas en un marco con malla, sirve de bastidor para serigrafía. Le pedí anticipo a mi amiga y crédito a uno que otro proveedor para completar todos los insumos necesarios.

Recuerdo llegar a exámenes finales con las manos negras, llenas de tinta. Me la había pasado días enteros dibujando, cortando, imprimiendo. La tinta negra metida en mis uñas y el olor a thinner para despintarme adornaban mis manos mientras resolvía los cuestionarios de la preparatoria.

Con esas bisagras pude hacer en varios días esas 500 calcomanías para la marca Perfumes Karicias. Gracias a gente buena que ha estado en mi camino y a Dios, hoy sigo teniendo y comprando más “bisagras”, hacen lo mismo pero cada hora. Mis manos ya no huelen a thinner…

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